De la lengua de los chono queda poca presencia. En la toponimia del archipiélago podemos rescatar algunas voces que son como fantasmas testimoniales de una etnia que ya no existe, pero que habla por nuestra boca cada vez que decimos: Caguach, Tac, Chaulinec, Achao.
La conquista española y la conversión al catolicismo dirigida por los jesuitas arrebató a este pueblo no sólo su territorio, que pronto se vio desplazado más al sur, sino que además le desarticulo la dinámica de su nomadismo y de sus formas de vida. Ellos vivieron miles de años en estos canales; soportaron las tensiones del clima y de su geografía.
Fueron la humanidad en este archipiélago. Sobrevivieron en territorios que hasta el presente permanecen desocupados porque las poblaciones contemporáneas no logran resistir estos ambientes. Ellos dominaron un planeta en su condición más inhóspita, pero dos siglos de conquista los aniquiló.
Probablemente hoy encontremos entre mezclados entre la gente de los pueblos de Chiloé y la provincia de Llanquihue gente con sus rasgos y apellidos alquilados convertidos en campesinos y otros oficios.
